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El dragón chino se come a las empresas españolas.

Los primeros chinos que llegaron a España, hace treinta o cuarenta años, abrieron restaurantes de comida asiática. Después, las ciudades se fueron llenando de bazares chinos. Con el estallido de la crisis, compraron muchos bares y restaurantes. Y textil de confección, del que nacen cadenas de moda low cost asiáticas, como Mulaya u Okeysi, que no paran de abrir locales.

Los primeros pasos siguieron el modelo de subsistencia familiar, el comportamiento típico de los capitalismo de diáspora. En los últimos meses, sin embargo, se percibe uncambio de tendenciarelevante: el apetitoinversor chinoapunta ahora agrandes y medianas empresas, a los grandes movimientos corporativos. Llegan para quedarse y hacerse con el know how, la tecnología y la posibilidad de vender los productos made in Spain de alta calidad en el gigante asiático.

De media, China mueve un volumen de unos 55.000 millones en la compra de compañías fuera, según la consultora Mergermarket. Aunque en la primera mitad de este año 2015 han desembolsado ya 50.000 millones. Tras invertir años atrás en países como Alemania, Francia, Italia o la rescatada Portugal, así como en Estados Unidos o Brasil, ahora las corporaciones chinas han puesto el foco en España. Tras la compra de empresas de cierto tamaño, el gigante asiático sigue sondeando adquisiciones en sectores estratégicos, como el turístico, la alimentación o la logística. Buscan participaciones en cotizadas y compañías familiares con tecnología puntera en su sector.

El grupo chino HNA controla el 29,5% de NH Hoteles desde mediados del año 2014. Tras ir empapándose del funcionamiento del sector hotelero de gama media- alta, no se descarta que en los próximos días anuncie la adquisición del 48,4% del grupo Globalia, propietario de la aerolínea Air Europa, cuyo paquete pertenece a accionistas minoritarios. Aunque su adquisición estrella, en julio de este año, fue la compra de la empresa de handling, Swissport, al fondo francés PAI por 2.537 millones. Esta empresa perteneció antes a Ferrovial. De hecho, el grupo HNA controla ya diez compañías cotizadas fuera de China.

Recientemente, la empresa estatal china Bright Foods se hizo con el control del grupo catalán Miquel Alimentació por 110 millones. Y hace muy pocos días, el principal grupo vinícola chino Changyu Pioneer Wine ha adquirido el 75% del grupo familiar Marqués de Atrio, una de las cinco grandes bodegas de la denominación de origen de La Rioja por 26,25 millones. En Osborne entró hace un año el gigante chino Fosun, con un 20% del capital. También, inversores chinos adquirieron el hotel Golf en Manresa, que sigue gestionado por la cadena Hilton. Aunque una de las últimas inversiones chinas que más eco ha tenido es el desembarco del magnate Wang Jianlin. A través de su sociedad Wanda adquirió el edificio España en la capital por 256 millones. En su viaje a España para formalizar esa adquisición contactó con el presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, y acabó comprando el 20% de las acciones del club por más de 40 millones. Todos estos ejemplos constituyen una muestra del gran apetito inversor chino por España. Y habrá más.

Para Jorge Adell, socio responsable de operaciones corporativas de Baker & McKenzie abogados, "la banca de inversión y las boutiques financieras buscan intensamente inversores chinos". GBS, de la que Juan Antonio Samaranch es socio, es una de las firmas más activas. De hecho, a través de la Fundación Samaranch está poniendo en contacto a empresarios de ambos países. En su opinión, China busca "acceso a materias primas (minería, energía, agricultura), socios industriales para modernizar la tecnología y diversificación geográfica".

No todas las operaciones tienen éxito. La primera oferta por el aeropuerto de Ciudad Real llegó de la mano de un grupo chino, Tzaneen International, que ofreció 10.000 euros. El proyecto Eurovegas también saltó por los aires. Y en algunos proyectos ya han desinvertido, como es el caso del grupo de alimentación Campofrío, compañía en la que el grupo chino WH permaneció casi tres años, con un 37% del capital.

Habitualmente, los empresarios chinos buscan tomar el control, aunque en ocasiones no les importa hacerse con participaciones significativas en compañías cotizadas. Exigen varios asientos en el consejo de administración de la firma adquirida para colocar a ejecutivos de su confianza, pero una de sus máximas es mantener al equipo directivo, que es quien conoce de verdad las entrañas del negocio y sabe llevar el día a día.

Antes de tomar el control, los asesores explican que en la negociación y proceso de auditoria se producen dos fenómenos: o la operación se cierra de forma muy acelerada o se alarga en el tiempo de forma indefinida. Una de las claves en esos procesos es la figura del traductor. "Lo del idioma es terrible. En ocasiones hablan inglés, pero se sienten mucho más cómodos negociando en su lengua materna", argumenta Adell.

En opinión de Fernando Baldellou, socio de financial advisory de Deloitte, "hacer negocios con empresarios chinos no entraña mayores dificultades que, por ejemplo, en Brasil, son grandes profesionales".

A juicio de Rafael Roldán, socio de transacciones de EY, "España les resulta interesante porque el PIB está creciendo más que en otros países de la euro zona. También buscan aprender tecnología y know how a la hora de fabricar determinados productos para ganar cuota de mercado". De ahí, añade, que "estén interesados en infraestructuras y zonas logísticas". "También buscan -continua- entrar en el sector agroalimentario para poder comercializar alimentación procesada, productos de cuarta gama o incluso que se les fabrique desde España alimentos de marca blanca".

Según Juan Antonio Samaranch, "invierten excedente y buscan rentabilidad". Las empresas españolas, en opinión de Samaranch, "tienen que tener en su radar dar entrada a un socio chino, puesto que se les puede multiplicar su valor al acceder su mercancía al inmenso mercado asiático".

Adquirida la compañía, llega el momento de pagar la transacción. Normalmente, los conglomerados chinos financian las operaciones con sus bancos autóctonos. El mayor banco chino, ICBC, ya ha abierto sucursales en Madrid y Barcelona. Mientras que el segundo banco por capitalización, el China Construction Bank, se ha establecido en plena Diagonal de Barcelona.

La diferencia cultural, que es grande, no constituye una dificultad en este tipo de negociaciones. Aunque las anécdotas de las reuniones son notables: desde encuentros que se alargan horas y horas, hasta ejecutivos que se duermen un rato por el cambio horario. O peticiones que hacen vía mail sin tener en cuenta la diferencia horaria. También se ha dado el caso que llegado el momento de firmar un contrato se ha tenido que aplazar algunos meses hasta que el magnate de turno ha fijado en su agenda el viaje oficial a España con todo su séquito para cerrar la operación, tras las negociaciones previas de sus asesores.

Baldellou, que acaba de llegar de Shanghái, dice que un empresario chino le comentaba que "todo el mundo quiere nuestro capital". De ahí, que las firmas chinas tengan el foco diversificado geográficamente. Este experto no descarta, incluso, que puedan entrar en nuevos sectores estratégicos como "la banca española".

Periódico Digital La Vanguardia