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¿Qué es la cláusula suelo?

Es de sobra conocido que, cuando una persona solicita un préstamo para comprar una vivienda, se hipoteca dicha casa para asegurar que el banco reciba no sólo el dinero que ha prestado sino también los intereses que se deben pagar.

Es habitual que cada una de las cuotas mensuales que tiene que pagar el consumidor al banco esté integrada por parte del capital prestado y los intereses que correspondan, los cuales se suelen calcular en función de un índice variable como el Euribor a doce meses.

Evidentemente, cuánto más alto es el índice variable, más cantidad de intereses recibe el banco. Debido a que el índice variable podía fluctuar a la baja, el banco decidió imponer en sus préstamos hipotecarios un tipo fijo de interés mínimo que se aplicaría aunque el índice variable de referencia se situara por debajo de aquél.

Así pues, durante muchos años, algunas personas han estado pagando una cuota mensual hipotecaria que se ha calculado por aplicación de este tipo de interés mínimo que el banco imponía en los contratos. Es decir, han pagado más de lo que hubieran pagado si se hubiera aplicado el índice variable.

Pues bien, ante esta situación, se ha dictado una nueva norma (Real Decreto-ley 1/2017), como consecuencia, sobre todo, de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 21 de diciembre de 2016, que favorece a los consumidores que han recibido un préstamo hipotecario a interés variable en el que se ha pactado un interés fijo mínimo (cláusula suelo).

Según dicha nueva regulación, se establece un nuevo procedimiento no judicial para que estos consumidores reclamen al banco los intereses que han pagado de más.

Así, el banco, en el plazo de tres meses, debe comunicar a sus clientes la cantidad de intereses que les corresponde, y que se deberá calcular por la diferencia entre los intereses que han pagado por la aplicación de la cláusula suelo y los que deberían haber pagado por aplicación del tipo variable sin limitación a la baja.